La autonomía, deseo de cosas posibles.

Potenciando la autonomía

Uno de los objetivos prioritarios en el desarrollo es motivar la capacidad para realizar por nosotros mismos las tareas y actividades que nos corresponden. Indudablemente, la autonomía tiende a ir de la mano de compañías tan deseables como la adaptación a situaciones sociales (mejorando por tanto la competencia de relación con los demás) o el aprendizaje. Sin embargo, más allá de resaltar sus múltiples beneficios, bien sabidos por todos, queremos presentar algún recurso útil y práctico que englobe tanto características formales, como de contenido.

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Es decir, cuando nos planteamos transferir responsabilidad o poder a nuestros hijos, lo hacemos pensamos en su evolución y bienestar, pero también en dejar de ser paulatinamente esa fusión entre loros y policías que emiten recordatorios asegurándose de que llegan a buen puerto.

Esta es una de las primeras premisas que queremos matizar, la autonomía constituye una de las dianas más ambiciosas y “atemporales”, puesto que precisa de ingredientes tales como constancia, paciencia, motivación y dinamismo. Precisamente por eso no podemos exigirnos a nosotros mismos que nuestros hijos pasen de necesitar ayuda para vestirse, a que se prepare la ropa para mañana y se vista sin protestar o volver a su cómoda situación anterior.

Progresión y constancia, si hiciésemos esto sería el equivalente a enseñar a montar en bicicleta sin ruedines (casi ni pasando por triciclo).

Por ello, primer matiz que facilitará que los ingredientes que hemos nombrado se mantengan latentes: ajustemos expectativas, ya que la frustración es mala enemiga en la transferencia de responsabilidad y es probable que nos visite si pretendemos cambios inmediatos.

Por otro lado, si hablamos de objetivo “atemporal”, es porque precisa de una evolución que irremediablemente implicará tiempo. Sin embargo, ese tiempo será mucho más eficaz si ponemos el foco en algunas de las rutinas.

Es decir, en lugar de buscar que se vista solo, desayune, llegue y meriende antes de hacer los deberes, dejando por supuesto todo recogido antes de la ducha, podemos dividir dichos hábitos por periodos. Por ejemplo, centrarnos en las rutinas de tarde: merienda, cambio de ropa, organización pre tareas- estudio, recoger y preparar la mochila para el próximo día. Es útil comenzar por una franja del día y potenciar su desarrollo de manera concreta.

A todos nos han enseñado antes cómo funciona la palanca de cambios, pre-requisito del famoso juego de pies y hemos terminado conduciendo, ¿verdad?

Hasta el momento, chip de la autonomía como aquella evolución que precisa de tiempo, además de dividir las rutinas para aumentar la probabilidad de que esa transferencia se dé con eficacia.

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Como hemos adelantado al inicio, la autonomía favorece un clima de tranquilidad y bienestar por una doble vía; nosotros abandonamos progresivamente el papel de guía externa y ellos, mucho más importante, se sienten capaces y competentes.
Su sentimiento es, de lejos, el ingrediente más relevante de esta receta. Al igual que cuando aprenden a atarse los zapatos se sienten mayores, el hecho de ir cogiendo las riendas de sus diferentes responsabilidades les despierta una sensación de evolución que es la que debemos buscar.

Queremos que sean autónomos para que desaparezcan los miedos, la inseguridad, esas verbalizaciones tan desajustadas con respecto a la realidad “es que si no me ayudas, no voy a poder”. Pueden, por supuesto que pueden y los primeros que debemos creerlo y proyectarlo somos nosotros como padres.

No olvidemos la repercusión de dicha gran capacidad en las emociones, es por ello que nuestro recurso incluye un apartado donde cada niñ@ tenga la oportunidad de plasmar cómo se siente. La expresión y gestión emocional son habilidades transversales que refuerzan en gran medida los ingredientes de nuestra obra de chefs.

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En relación con la introspección, con la capacidad para ver cómo se encuentran ellos mismos, podemos facilitar el análisis de su ejecución introduciendo algunas frases a modo de retroalimentación. No basta con hacer las cosas, con que recojamos y ya, este empoderamiento se beneficiará enormemente si vamos evaluando nuestro día a día y expresamos lo que sentimos.

La autonomía como hemos señalado es un puzle de incontables piezas, por lo que es indispensable que nosotros ayudemos a recopilar el resto.

De hecho, cuanto más bonito sea nuestro puzle, más probabilidad de que nos enganche. De ahí que os presentemos un recurso visual y manipulable que se puede adaptar a todos los intereses (forma de balón, zapatilla de ballet, libro, partitura…) precisando de una motivación y creatividad que sin duda facilitará un aprendizaje más constructivo.

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Como en ningún momento tenemos como finalidad ofrecer pautas que apliquéis como robots, si no reflexionar sobre qué le pido a mi hijo, qué me pido a mí, cómo lo estoy incentivando y si podría haber un plan b que nos ayude a ajustarnos a nuestros objetivos de manera más eficaz, os dejamos el recurso en pos de que os inspire, os sea útil y dediquéis unos minutos a pensar en la siguiente frase:

“Ayúdame a hacerlo por mí mismo”.

Ana Aso

Psicóloga de Educ-at

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http://www.educatdah.com

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¿PUEDO TENER TDAH EN LA EDAD ADULTA?

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Suspendu – Moment of doubt / Max Sat

Despistes, problemas de memoria, falta de concentración, sensación de intranquilidad interna, respuestas precipitadas…estos son algunos síntomas que acompañan al TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad). Sin embargo, en la vida adulta observamos que en muchas ocasiones pasa desapercibido este nombre y se etiqueta con otros que comparten algunos síntomas.

 

Muchas personas que tienen este problema aun no lo saben. En torno a un 4-5% de personas adultas están afectadas en la población general, pero la mayoría de ellas no tienen el diagnóstico correcto y por ende seguramente tampoco el tratamiento más adecuado. En España sólo hay un 3% de adultos con un diagnóstico de TDAH, ya que muchos de ellos son tratados por problemas asociados. Estos problemas van desde cuadros depresivos (10-30% de los casos), abuso de sustancias (25-50%), síntomas ansiosos (20-25%) o trastornos de personalidad en menor medida (12-28%).

Si echamos la vista atrás, es cierto que el TDAH tradicionalmente se ha considerado un problema infanto-juvenil y se pensaba que se superaba al llegar a la adolescencia o la vida adulta, por lo tanto no se consideraba atender a los adultos por esta problemática. Sin embargo, las investigaciones más actuales han demostrado que el trastorno se mantiene en mayor o menor medida a lo largo de la vida, afectando de manera diferente a la vida de las personas en función de su sintomatología predominante.

PERO ENTONCES… ¿QUÉ MOTIVA A ESTAS PERSONAS A SOLICITAR AYUDA?

Como hemos comentado, muchas veces las personas afectadas solicitan ayuda por presentar síntomas asociados al TDAH que les generan malestar en sus vidas, pero sin duda observamos que en gran medida es el diagnóstico de sus hijos lo que les suscita dudas sobre su propio diagnóstico y les anima a ponerse en manos de un profesional. Cabe señalar que, según los criterios diagnósticos más actuales, la alteración ha tenido que estar presente desde la infancia (antes de los 12 años) y causar un malestar importante en las principales áreas vitales, por ejemplo, a nivel social, familiar, laboral o académicamente.

Es lógico pensar que las áreas afectadas en los adultos son diferentes a las de niños y adolescentes, estando más relacionadas con su estilo de vida actual. Pueden presentar problemas en el trabajo, al tener frecuentes descuidos, desorganización, dificultades de concentración…esto conduce a que tengan menor estabilidad en el empleo. Por otro lado, son también comunes los problemas interpersonales, debidos a la falta de habilidades sociales. Un rasgo importante que les lleva a tener numerosos problemas y muchas veces es el motivo de consulta a los profesionales es la impulsividad que presentan. Esta impulsividad la observamos por ejemplo en el consumo de sustancias, la necesidad de experimentar placer inmediato y la búsqueda de sensaciones es lo que lleva a estas personas a consumir. La conducción temeraria es otro comportamiento habitual, así como los cambios de humor bruscos y los enfados ante el mínimo cambio en el entorno. Todos estos problemas no resultan inocuos para la autoestima de las personas, viéndose ésta seriamente afectada.

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Otra área que resulta bastante alterada en estas personas es la vida en pareja. Según los estudios, las personas con TDAH presentan más relaciones extramaritales y alto grado de estrés parental, por todo ello el número de divorcios y separaciones aumenta considerablemente.

¿EL ADULTO CON TDAH PUEDE TENER UNA VIDA NORMAL?

Por supuesto. La mayor parte de las personas conviven con el problema con total normalidad, teniendo en cuenta sus dificultades y tomando las medidas oportunas para contrarrestarlas. En general, son personas que necesitan más tiempo para concentrarse, se despistan con facilidad, presentan problemas sociales, nerviosismo interior e impulsividad.

Pero muchas veces todo esto genera problemas en la vida diaria y manejar estos síntomas no resulta nada fácil. Por todo ello, resulta fundamental el apoyo profesional para adaptarse a estas dificultades, conocerse mejor y poder sacarse el mejor partido.

“Nunca es tarde. Así el cansancio apremie o la batalla parezca perdida, siempre hay una posibilidad de recomenzar. No te rindas. No claudiques. Pues mientras haya vida, hay espacio para el cambio.”

Sara Olano

Psicóloga de Educ-at

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INTERVENCIÓN PSICOEDUCATIVA PARA CHIC@S CON TDAH EN EDUCACIÓN SECUNDARIA

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Buenos días a todos/as,

Nos alegra poder compartir con vosotros este interesante proyecto fruto de la estrecha colaboración entre AAMNDAH Alcobendas y Educ-at Psicólogos. Dicho proyecto se realizará a partir de octubre y lo hemos denominado

Taller de intervención psicoeducativa para chic@s con TDAH en Educación Secundaria”

El sistema educativo actual y la sintomatología propia del trastorno hacen que, para este tipo de alumnado, la etapa escolar se convierta en un verdadero reto de superación. Los niños y adolescentes con TDAH son capaces. El TDAH no está relacionado con una baja inteligencia, pero el poco aprovechamiento que tienen de las clases así como unas técnicas de estudio ineficaces basadas en la lectura, provocan que todo su potencial quede enmascarado bajo estos dos preceptos.

El objetivo que buscamos es dotar a los “chic@s” y a los “padres” de herramientas y estrategias adaptadas a sus características para que puedan afrontar con confianza todos los posibles obstáculos que se van a ir encontrando durante su etapa escolar.

Este taller se realizará dos tardes al mes durante un tiempo determinado y su duración será de aproximadamente dos horas por día. Durante cada sesión realizaremos una intervención siguiendo la base de Educ-at, entidad psicoeducativa especializa en TDAH y dificultades de aprendizaje, que en la actualidad trabaja con más de 70 familias. Estará destinado a chic@s de secundaria.

La dinámica será la siguiente:

Trabajo competencial. Incidiremos en planificación, responsabilidad, autonomía…

Impartición de técnicas de estudio. Nos separaremos del estudio convencional mediante  lectura que tanto perjudica e intentaremos poder desarrollar un programa de técnicas que ayudan a un procesamiento correcto de la información.

Balance emocional grupal. Con el objetivo de favorecer el reconocimiento y gestión emocional y de aumentar la autoestima.

Intervención familiar donde se podrá poner de manifiesto el trabajo durante la sesión y aportar un feedback de la misma.

Solicitaríamos que los interesados se preinscribieran antes del 10 de junio, talleres@aamndah.com ya que el grupo será limitado.

Una vez que cerremos el plazo se os comunicará la fecha y la hora de la presentación del proyecto que se hará en el local de la asociación donde podréis plantear todo tipo de dudas que os surjan sobre el taller, horarios, precios, duración… de primera mano con dirección de Educ-at y realizar la inscripción.

Agradecemos vuestra colaboración

Muchas gracias y seguimos trabajando

Educ-at Psicólogos y AAMNDAH Alcobendas

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EL PESO DE LOS FACTORES AMBIENTALES Y GENÉTICOS EN EL ORIGEN Y DESARROLLO DEL TDAH.

TDAH ETIOLOGIA

El TDAH es un trastorno complejo, con una base neurobiológica pero, a pesar de las múltiples investigaciones al respecto, aun a día de hoy no existe una seguridad 100% objetiva sobre la etiología del TDAH. No obstante, si existe un consenso general entre la comunidad científica de afirmar que el origen y desarrollo del trastorno se debe en gran medida a factores genéticos (70-75%) y el resto (30-25%) a factores ambientales.

Como todo, en referencia a este tema aparecen diversas posturas y opiniones. Estos porcentajes pueden no estar apoyados por igual y siempre habrá profesionales que den una mayor carga a los factores genéticos y otros a los factores ambientales, pero la mayoria coinciden en que el origen del trastorno no se debe a una única causa, siendo necesaria la convergencia de ambos tipos de condicionantes.

Parece que la opción más plausible es la siguiente. Dentro de nuestro ADN se encuentra una serie de genes que codifican la predisposición a desarrollar el trastorno. Al igual que tenemos codificado en nuestro genoma de qué color será nuestra piel, nuestros ojos, nuestro pelo, etc. también lo está nuestra posibilidad de padecer un trastorno o de desarrollar un tipo de variables de personalidad (sin que tengan que ser éstas patológicas). De otro modo actuarían como las semillas de una planta. Es decir, pueden crecer de manera espontánea o bien por la influencia de otras causas. En referencia a la contribución de otras razones, en las plantas sería el agua y el sustrato del suelo y en el caso del TDAH entrarían en juego los factores ambientales.

Si bien, de lo que no queda duda es que, dentro de los factores ambientales, ciertas situaciones durante el embarazo y posterior a él, aumenta el riesgo y la vulnerabilidad a desarrollar el trastorno.  De esta manera nos encontramos que durante el embarazo el tabaquismo, el consumo de alcohol, nacimiento prematuro, el bajo peso al nacer o el estrés y ansiedad materna son factores de riesgo para el desarrollo del trastorno. Parece ser que estudios relativamente recientes, asocian el consumo de paracetamol en esta etapa como otro factor de riesgo, pero aún falta más peso y evidencia científica para su demostración.

Recientemente el pediatra Pedro Javier Rodriguez Hernández, del Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria, de Santa Cruz de Tenerife, y miembro del grupo de trabajo de TDAH de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (Sepeap), comenta que la exposición ambiental de metales pesados y el consumo de tabaco en la gestación aumentan por un 2,5 el riesgo de que el hijo padezca trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). “Su importancia no solo radica en que el TDAH causa sufrimiento en los niños afectos, sino que también interfiere en el desarrollo social y educacional, y pueden conducir a problemas sociales y psicológicos que duran toda la vida”, comenta Pedro Javier.

Asimismo, una vez el niño haya nacido, los factores ambientales juegan un papel modulador muy importante para el desarrollo del TDAH y el agravamiento de la sintomatología asociada a él. Es decir, el estilo educativo aplicado, el afecto y la estimulación temprana no provocan el origen del trastorno pero si intervienen en la evolución del mismo, pudiendo agravar o disminuir la problemática adjunta al TDAH.

Por eso mismo, desde Educ-at creemos tan importante el trabajo con las familias, enseñando estrategias para su correcto manejo, formándolas en todas las particularidades del trastorno (que son muchas) con el objetivo de que se vean más capaces y confiadas en poder ayudar a su hijo o hija. De igual manera, la perspectiva multidisciplinar coge un factor determinante, siendo esencial la correcta coordinación entre todos los ámbitos y agentes que intervienen con el niño (teniendo un papel FUNDAMENTAL los profesores).

Trabajando de manera conjunta, estableciendo puentes y puntos de entendimiento, estaremos provocando que la influencia asociada a los factores ambientales se vea reducida, lo que favoreceremos el pronóstico en el desarrollo del niño o adolescente y fomentaremos un adecuado crecimiento personal en todos sus áreas (familiar, escolar, social y emocional).

Y para ello lo más necesario es la VOLUNTAD para querer ayudar y aprender de todos nosotros.

Equipo de Educ-at

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TDAH: SOBRE EL DESCONOCIMIENTO Y LA CREENCIA DEL SOBREDIAGNÓSTICO.

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Existen dos grandes debates dentro de los detractores del Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad. Mucho se ha hablado de la existencia o no del TDAH y de si se encuentra o no sobrediagnosticado. Sobre el primero ya hemos dejado en varias ocasiones patente los numerosos estudios e investigaciones que manifiestan la existencia del mismo. En el caso del segundo tema, muchos opinan que está de moda diagnosticarlo y cualquier niño movido es ahora hiperactivo. Vamos a intentar desgranar las razones que por las que lo esgrimen.

El TDAH es el trastorno más prevalente en población infanto-juvenil. Los estudios más recientes lo sitúan en un 5-7% (aproximadamente 1 de cada 20 niños). Como hemos hablado en varias ocasiones es un trastorno que tiene un gran impacto sobre la vida tanto del individuo interfiriendo en su funcionamiento escolar, social, cognitivo y emocional. A su vez interfiere también en el ámbito familiar, creándose conflictos y dificultades para su manejo. Por todo ello es fundamental y necesario realizar un buen estudio sobre las problemáticas del niño para ofrecer el mejor tratamiento posible.

Bajo nuestra opinión, unas de las primeras razones por las que (para personas ajenas al trastorno) se tiene una imagen irreal y consideran que se encuentra sobrediagnosticado es  la trivialidad con la que se utiliza el término hiperactividad o hiperactivo. Muchos de nosotros habremos escuchado o incluso habremos utilizado una expresión similar a “Hoy es que estoy hiperactivo”, “yo no paro, soy muy hiperactivo”, etc. Este tipo de expresiones pueden provocar confusiones en parte de la sociedad ya que se emplea este adjetivo para denotar el estado de ánimo o excitación en un determinado momento.

Por otro lado, la sintomatología característica del trastorno son manifestaciones que la mayoría de nosotros hemos padecido alguna vez y, en el caso de los niños con una mayor frecuencia. Todos hemos podido tener épocas de mayores despistes, situaciones que nos genera nerviosismo y estamos sobreexcitados, respondemos con impulsividad, no nos enteramos cuando nos hablan porque estamos pensando en otra cosa, etc.

Por lo tanto, en un primer vistazo, la frivolidad en el uso del concepto hiperactivo junto con las características comportamental del trastorno perjudican el conocimiento del mismo y favorecen el desconcierto y el oscurantismo hacia las personas (niños, adolescentes o adultos) que lo padecen. Todo esto hace que se pueda malinterpretar y hacer creer que se etiqueta a los niños con un objetivo económico de las farmaceúticas o porque es más sencillo “drogar a un niño que educarle” como en ocasiones hemos escuchado. Ya lo puso de relieve el informe PANDAH sobre el nivel de conocimiento en España sobre el TDAH: sólo el 4% de los encuestados saben definir el trastorno sin ningún tipo de ayuda y alrededor del 85% es capaz de hacer una definición aproximada recibiendo alguna ayuda. Resultados debastadores que ponen de manifiesto la ignorancia que existe sobre él.

Con el tema de la medicación podemos entender la preocupación de muchos padres ante este hecho y las dudas que generan. Desde nuestra perspectiva la medicación es una herramienta que, dependiendo de los casos, es totalmente necesaria, pero como siempre comentamos, casi nunca suficiente. El metilfenidato, la atomoxetina y la lisdexanfetamina son fármacos eficaces ampliamente estudiados y seguros. En nuestra experiencia hemos trabajado con varios casos que no están medicados y con la implantación de unas herramientas y estrategias tanto al niño (a nivel escolar, social y emocional) como a las familias, se ha conseguido que no tome medicación, se reduzca o se limite a momentos puntuales. Esto no quiere decir que no sea necesaria en algún otro momento, ya que depende en gran medida del grado de severidad del trastorno, de la afectación que tenga el trastorno en la vida del niño o de la situación vital en la que se encuentre.

EL AUMENTO DE CASOS DIAGNOSTICADOS EN LOS ÚLTIMOS AÑOS

Una de las razones en las que sustentan aquellos que defienden el sobrediagnóstico del TDAH, es aquella en la que el número de diagnosticados por este trastorno ha aumentado exponencialmente durante la última década.

Este dato es cierto y las principales causas del incremento son tres:

  1. Mayor conocimiento de los profesionales que intervienen con el niño (médicos, profesores y psicólogos).
  2. Mejores herramientas de evaluación.
  3. Aumento en los diagnósticos precoces (fundamentales para iniciar un tratamiento adelantado)

Es cierto que mucha de la sintomatología típica del TDAH puede estar provocada por otros trastornos o acontecimientos puntuales que nada tiene que ver con él. Ya lo comentábamos en nuestra entrada “Todo sobre el diagnostico del TDAH”, sintomas depresivos, trastornos orgánicos como el X frágil o acontecimientos personales como un divorcio pueden provocar comportamientos en el niño similares al TDAH. Esto quiere decir que existen numerosos síndromes o situaciones que generan manifestaciones externas semejante al trastorno. Por ello se requiere un estudio en profundidad a la hora de evaluarles. Si es posible que, por este lado, si nos encontramos ante un profesional poco competente o entendido, el diagnóstico que se nos ofrece no esté ajustado a la realidad y estemos creando una etiqueta a un niño que no la requiere (con el apartado negativo que esto puede suponer).

Atendiendo al otro punto de vista, investigaciones demuestran como niños TDAH puramente inatentos pasan desapercibidos a la hora de ser evaluados. Nos encontramos ante chicos y chicas que, por las dificultades típicas de este subtipo, no alcanzan unos buenos resultados académicos, encontrándose con un posible fracaso escolar, dañándose su autoestima y motivación y, en muchos casos, quedando sin diagnosticar. De esta manera nos encontramos adolescentes que son valorados con TDA a una edad avanzada o que directamente no tienen conciencia de su problemática.

Algunos profesionales mantienen que parece factible que el tipo de sociedad actual pueda estar contribuyendo a generar una mayor disfuncionalidad del TDAH. La existencia de mecanismos que ofrecen refuerzos externos inmediatos como los videojuegos, televisión o el internet, así como una sociedad de consumo provocan que se presenten pocas oportunidades “para favorecer y entrenar la atención sostenida, la cultura del esfuerzo, la demora de recompensa, el empleo de estrategias reflexivas y el desarrollo de un autocontrol mental eficaz”.

En conclusión,en nuestros años trabajando exclusivamente con estos chicos, han sido pocos los casos en los que su diagnóstico nos ha generado algún tipo de duda. También es cierto que desde la psicología trabajamos mayoritariamente desde las conductas problemáticas (bajo rendimiento, conductas impulsivas, escasa organización, bajas habilidades sociales, etc.) y no tanto desde la etiqueta propiamente dicha, por lo que la manera de intervenir no distaría dependiendo de la existencia o no de la etiqueta diagnóstica (otra cosa diferente es a la hora de pedir unas medidas en el aula para las cuales si es necesario, desgraciadamente, de un diagnóstico).

Debemos seguir trabajando para crear mejores instrumentos de diagnósticos, formar a los profesionales que intervienen en la evaluación (médicos, psicólogos y profesores), tener en cuenta tanto los criterios de inclusión del trastorno como los de exclusión (diagnóstico diferencial) y que esté realizado por un equipo multidisciplinar. De esta manera estaremos evitando sobrediagnósticos o infradiagnósticos, ofreceremos tratamientos mucho más ajustados y reduciremos las polémicas generados en los últimos tiempos.

Equipo de Educ-at

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POTENCIAR LA AUTOESTIMA DE NUESTRO HIJO CON TDAH

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La mayoría de los niños con TDAH tienden a valorarse a sí mismo más negativamente, con más problemas, menos aceptados socialmente y menos felices que los niños de su edad. Muchos estudios demuestran que más del 50% de los niños con TDAH presentan problemas emocionales, como sentimientos depresivos, de ansiedad, inseguridad o baja autoestima.

Los niños con TDAH son más difíciles de educar y de ahí que reciban con mayor frecuencia una información negativa sobre su comportamiento y sus tareas, sobre todo en el colegio. También se les tiende a comparar con compañeros o con hermanos de manera en las que ellos tienden a salir perjudicados (“¿no puedes estarte quieto como el resto de tus compañeros?” “A ver si aprendes de Carlitos”, etc.) o se les confunden con niños maleducados, vagos, pasotas o tontos.

Por otro lado, los niños con TDAH viven más experiencias de fracasos que de éxitos durante su infancia. Esto se acentúa un poco más durante su etapa escolar. Se esfuerzan por hacer bien las cosas, por gustar a los de su entorno, pero los resultados no siempre son satisfactorios y cometen más errores que los otros, aunque se hayan esforzado más. Este esfuerzo sin éxito, baja su autoestima y establece en él creencias erróneas y poco ajustadas a la realidad. Es decir, se sienten indefensos, incapaces y surgen pensamientos del tipo “no sé que hacer, haga lo que haga, fracaso” “no voy a poder, con lo tonto que soy…”, etc.

Estos niños diariamente también se encuentran ante tareas que implican una atención sostenida o autocontrol al que no están capacitados para afrontar, como por ejemplo, mantener la atención permanente durante una clase, lo que aumentan su sensación de frustración o fracaso.

Cualquiera de nosotros, ante una tarea en la que no nos consideramos hábiles tenderemos a afrontarlas con la convicción de que no saldrá bien, lo que afectará ya no solo a nuestro rendimiento ante esa tarea sino que nos afectará emocionalmente de una manera negativa. Por ejemplo, si yo no se patinar y un día me obligan a ponerme unos patines y realizar un circuito, yo pensaré que la caída que voy a sufrir es inevitable y que tendré que soportar las risas y burlas de los demás, lo que me hará sentir más inseguro (esto aumentará más aún mis posibilidades de caída), y más irritable respondiendo de forma más agresiva ante las instrucciones y consejos de quien está alrededor mío. A mayor complejidad del circuito mayor será mi desconfianza, mi inseguridad y mis emociones negativas asociadas a la situación. No es lo mismo pensar “como soy bueno lo sabré hacer”, que otro que piensa “no podré conseguirlo nunca”. El primero lo intentará, mientras que el segundo abandonará antes de intentarlo o ante la mínima dificultad.

Las personas tenemos dos estilos de afrontamiento ante las situaciones que nos resultan difíciles y que nos generan inseguridad: enfrentarnos a ellos o evitarlos. El niño con TDAH con una baja autoestima ante tareas que le resultan difíciles preferirá no tener que realizarlas, sacándose alguna excusa o mostrando una actitud de autosuficiencia, expresando la facilidad de la tarea lo que puede estar enmascarando la realidad. Este mecanismo de defensa más que protegerlo le refuerza sus pensamientos de incapacidad, pues al no intentarlo nunca  vivirá experiencias de superación propias tan importantes para aumentar y potenciar nuestro autoconcepto.

¿QUÉ PODEMOS HACER PARA AUMENTAR LA AUTOESTIMA DE NUESTROS HIJOS?

  • Aceptar las dificultades que supone que nuestro hijo padezca TDAH, principalmente en referencia a los estudios. Dichas dificultades pueden ser suplidas con unas técnicas eficaces y la implantación de un correcto hábito. Una vez que se reconozcan estas dificultades es más fácil identificar los esfuerzos por parte del niño y elogiar cuando realiza alguna cosa bien hecha.
  • Elogiar los logros. Cualquier logro que consiga por pequeño que sea y sobretodo, aquellos que impliquen un esfuerzo, debemos reforzarlo. Desde bien pequeños, los niños realizan comparaciones entre ellos y sus compañeros y observan como el resto se les elogia un mayor número de veces. Por ello, reforzar sus logros y sus conductas positivas no solo potenciará su autoestima sino que potenciaremos la aparición de este tipo de conductas.
  • Ofrecerle mayor grado de confianza en su persona y en sus competencias.
  • Modificar nuestro lenguaje. Debemos enterrar los “no” tan temible para los niños y expresarnos de una manera positiva.
  • Evitar la acusación y hablar desde el “yo” más que desde el “tú”. Es decir, cuando estamos enfadados con él/ella, es muy conveniente utilizar la siguiente fórmula: “yo me siento…cuando tu haces….porque….”. No debemos etiquetarles, cuando haya hecho alguna mala acción nos centraremos en su conducta y no en la personalidad. Por ejemplo si un niño pega a otro no le debemos decir “Eres malo”, sino “no te has comportado de la mejor manera porque has pegado a un compañero” o siguiendo la fórmula anterior “yo me siento triste cuanto tu pegas a tu compañero porque sabes que eso no debes hacerlo”.
  • Potenciar actividades que se le den bien. De esta manera se sentirá competente, fomentando su autoestima y si es en grupo mejor, pues impulsará su integración social.
  • Debemos descubrir sus habilidades y aspectos positivos y ayúdele a disfrutarlo (habilidades en el dibujo, delante del ordenador, en el deporte, bailando…afectuosidad, creatividad, espontaneidad, sentido del humor y todas aquellas que seguro encontramos en un niño/a con TDAH)

Son chicos/as con mucho potencial, con muchas virtudes positivas y con talentos ocultos que suelen permanecer enmascarados por varias razones: las características propias del trastorno, la presión académica que hace que nos centremos principalmente en ese área escolar donde presenta más complicaciones y por su baja autoestima.

No perdamos la esperanza en ellos. Apliquemos el ensayo error y ofrezcámosles contextos fuera de lo escolar donde desarrollar y descubrir sus aptitudes y destrezas.

Equipo de Educ-at

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Para recibir más información sobre nosotros y nuestros servicios estaremos encantados de poder atenderles en el teléfono 665.97.55.21 o a través de nuestro correo info@educatdah.com.

 

Mejorar la motivación en niños con TDAH

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Hace poco publicábamos una entrada acerca de la motivación que presentaban los niños con TDAH ante los estudios. Cómo comentamos, estos niños están acostumbrados a tener que realizar un esfuerzo mayor que el resto de sus compañeros para afrontar estas demandas escolares lo que provoca, en muchas ocasiones, que aparezcan en ellos sentimientos de inferioridad. ¿Por qué yo necesito más tiempo que mis compañeros? ¿Acaso soy más tonto? Esto tiende a ocurrir en edades en las que su nivel de madurez es bajo y carecen de una capacidad cognitiva para entender las dificultades que conlleva el trastorno sin que ello signifique que tengan menos capacidades intelectuales que los demás.

Esta situación puede provocar un descenso en la autoestima y, sobre todo, en la motivación del niño lo que conllevará a su vez, un descenso en el rendimiento, obteniendo unas notas más bajas y reforzando su idea de que no son capaces de rendir. De esta manera nos encontramos en un círculo vicioso del que puede ser complicado salir.

¿TAN IMPORTANTE ES LA MOTIVACIÓN EN NIÑOS/AS CON TDAH?

Nosotros consideramos, que los factores motivacionales y de refuerzo son claves a la hora de que los niños con TDAH decidan tomar uno u otro camino. Todas las personas necesitamos sentirnos valorados, y como mejor experimentamos este sentimiento es con las cosas que se nos da bien hacer.

Ellos no se consideran especialmente buenos para los estudios y esto, junto con diversas prácticas en los centros educativos, hace que experimenten un rechazo total hacía el ámbito escolar. Esto puede provocar que dejen de esforzarse y que muestren una resistencia excesiva ante la realización de las tareas escolares lo que desemboca en “guerras” con los padres para que las haga, debilitando la relación entre ambos. Peor aún, algunos buscan otras alternativas y encuentran gran refuerzo en la agresividad o alteración del transcurso normal (por ejemplo de la clase). Ellos sienten que esa conducta está siendo reforzada (muchas veces la risa es un refuerzo clave) y tratan de aumentar su frecuencia. Por otro lado, son alumnos que han experimentado en alguna ocasión rechazo o burla por parte de los compañeros, por lo que el hecho de mostrar comportamientos agresivos reduce en su totalidad esta burla, a la vez que adquieren un respeto que no han podido lograr por sus meritos. Y detrás de estas conductas hostiles, nos encontramos a un niño con grandes capacidades pero con una autoestima muy baja que le ha llevado a aprender erróneamente que para encontrar el respeto y aceptación de sus iguales debe llevar a cabo conductas disruptivas.

Por ello, es clave descubrir el inicio del problema para poder actuar sobre él cuanto antes y comenzar a reforzar positivamente las buenas conductas, valorando sus capacidades intelectuales y su esfuerzo y castigando aquellas conductas que sean inapropiadas.

¿QUÉ PODEMOS HACER SI NUESTRO HIJO MUESTRA UNA RESISTENCIA ANTE LOS ESTUDIOS?

Lo primero que debemos entender es que seguramente esa resistencia pueda ser debido a una baja motivación fruto de una serie de experiencias negativas relacionadas con los estudios. Como hemos comentado en varias entradas anteriores, en muchas ocasiones nos encontramos a chicos y chicas que se han esforzado por conseguir los objetivos pero que ante una falta de técnicas eficaces, ese estudio no ha sido todo lo eficaz que debería no habiendo optimizado el tiempo y cosechando resultados negativos lo que les invitan a tirar la toalla.

Deben entender que no han estado estudiando con las técnicas más efectivas para ellos. Aprender a secuenciar la información, a elaborar por escrito para mejorar la comprensión e interiorización de los contenidos se antoja necesario para ellos. Evidentemente, esto conlleva un trabajo extra que al principio no les resulta gratificante pero que cuando comienzan a obtener las notas acordes a su esfuerzo y dedicación, este hábito se ve reforzado, comprendiendo que resultado beneficioso para ellos.

Por otro lado, resulta fundamental reforzar el esfuerzo, tan necesario para mantener su motivación. A veces nos centramos tanto en las notas objetivas que olvidamos la entrega y la dedicación que ponen para conseguirlo. La mayor parte de los niños, sobre todo en edades de Primaria, agradecen más el reconocimiento personal y el refuerzo social de un “muy bien hecho”, “buen trabajo, sigue así”, etc. que la propia nota a la que somos los propios adultos los que le otorgamos un mayor valor. Esta parte es importante no solo a tener en cuenta por el padre o la madre sino también por parte del profesorado.

Otras estrategias que mejoren la motivación del niño/a pueden ser:

  • Dividir la tarea por partes y supervisar y felicitar por la realización de cada parte.
  • Al evaluar la tarea, resaltar siempre un par de cosas positivas.
  • Proponerle tareas significativas que le motive a buscar soluciones y le suponga un reto a su alcance.
  • Ayudar al niño a hacer una valoración más objetiva de sus errores sin hacerle sentir infravalorado y culpable.
  • Utilizar métodos que permitan ver sus avances (comparar un dictado con otro anterior, con cuadernos pasados, etc.)
  • Pedirle que revise sus trabajos antes de entregarlos para que corrija los posibles errores y para estimularle positivamente si no los hubiera.

En conclusión, entendemos que en muchas ocasiones, la situación se ha vuelto tan enrevesada que cuesta ver la luz del túnel, que cuesta ver las cualidades positivas de nuestro hijo, que nos induce incluso a pensar que no tiene solución, pero debemos comprender por qué se encuentran así, y comprenderles a ellos, pues en muchas ocasiones la lógica que les lleva a no querer esforzarse o a rendirse puede ser coherente, pero no por ello debemos dejar de luchar por que mejoren. Son niños con grandes aptitudes y con una gran afectividad a los cuales, las pequeñas frustraciones diarias les lleva a claudicar. Cambiar nuestro lenguaje en referencia a los estudios hacia un lenguaje más positivo, que les incentive y les motive es una buena estrategia que hay que poner en práctica. Hay que aprender a guiarles y a estimularles para que quieran mejorar y superarse.