¿PUEDO TENER TDAH EN LA EDAD ADULTA?

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Suspendu – Moment of doubt / Max Sat

Despistes, problemas de memoria, falta de concentración, sensación de intranquilidad interna, respuestas precipitadas…estos son algunos síntomas que acompañan al TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad). Sin embargo, en la vida adulta observamos que en muchas ocasiones pasa desapercibido este nombre y se etiqueta con otros que comparten algunos síntomas.

 

Muchas personas que tienen este problema aun no lo saben. En torno a un 4-5% de personas adultas están afectadas en la población general, pero la mayoría de ellas no tienen el diagnóstico correcto y por ende seguramente tampoco el tratamiento más adecuado. En España sólo hay un 3% de adultos con un diagnóstico de TDAH, ya que muchos de ellos son tratados por problemas asociados. Estos problemas van desde cuadros depresivos (10-30% de los casos), abuso de sustancias (25-50%), síntomas ansiosos (20-25%) o trastornos de personalidad en menor medida (12-28%).

Si echamos la vista atrás, es cierto que el TDAH tradicionalmente se ha considerado un problema infanto-juvenil y se pensaba que se superaba al llegar a la adolescencia o la vida adulta, por lo tanto no se consideraba atender a los adultos por esta problemática. Sin embargo, las investigaciones más actuales han demostrado que el trastorno se mantiene en mayor o menor medida a lo largo de la vida, afectando de manera diferente a la vida de las personas en función de su sintomatología predominante.

PERO ENTONCES… ¿QUÉ MOTIVA A ESTAS PERSONAS A SOLICITAR AYUDA?

Como hemos comentado, muchas veces las personas afectadas solicitan ayuda por presentar síntomas asociados al TDAH que les generan malestar en sus vidas, pero sin duda observamos que en gran medida es el diagnóstico de sus hijos lo que les suscita dudas sobre su propio diagnóstico y les anima a ponerse en manos de un profesional. Cabe señalar que, según los criterios diagnósticos más actuales, la alteración ha tenido que estar presente desde la infancia (antes de los 12 años) y causar un malestar importante en las principales áreas vitales, por ejemplo, a nivel social, familiar, laboral o académicamente.

Es lógico pensar que las áreas afectadas en los adultos son diferentes a las de niños y adolescentes, estando más relacionadas con su estilo de vida actual. Pueden presentar problemas en el trabajo, al tener frecuentes descuidos, desorganización, dificultades de concentración…esto conduce a que tengan menor estabilidad en el empleo. Por otro lado, son también comunes los problemas interpersonales, debidos a la falta de habilidades sociales. Un rasgo importante que les lleva a tener numerosos problemas y muchas veces es el motivo de consulta a los profesionales es la impulsividad que presentan. Esta impulsividad la observamos por ejemplo en el consumo de sustancias, la necesidad de experimentar placer inmediato y la búsqueda de sensaciones es lo que lleva a estas personas a consumir. La conducción temeraria es otro comportamiento habitual, así como los cambios de humor bruscos y los enfados ante el mínimo cambio en el entorno. Todos estos problemas no resultan inocuos para la autoestima de las personas, viéndose ésta seriamente afectada.

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Otra área que resulta bastante alterada en estas personas es la vida en pareja. Según los estudios, las personas con TDAH presentan más relaciones extramaritales y alto grado de estrés parental, por todo ello el número de divorcios y separaciones aumenta considerablemente.

¿EL ADULTO CON TDAH PUEDE TENER UNA VIDA NORMAL?

Por supuesto. La mayor parte de las personas conviven con el problema con total normalidad, teniendo en cuenta sus dificultades y tomando las medidas oportunas para contrarrestarlas. En general, son personas que necesitan más tiempo para concentrarse, se despistan con facilidad, presentan problemas sociales, nerviosismo interior e impulsividad.

Pero muchas veces todo esto genera problemas en la vida diaria y manejar estos síntomas no resulta nada fácil. Por todo ello, resulta fundamental el apoyo profesional para adaptarse a estas dificultades, conocerse mejor y poder sacarse el mejor partido.

“Nunca es tarde. Así el cansancio apremie o la batalla parezca perdida, siempre hay una posibilidad de recomenzar. No te rindas. No claudiques. Pues mientras haya vida, hay espacio para el cambio.”

Sara Olano

Psicóloga de Educ-at

http://www.educatdah.com

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