La “magia” del abordaje del TDAH desde el rendimiento académico

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Desde que comenzáramos a abordar el rendimiento académico en alumnos con TDAH, pudimos observar cómo se conseguían, al mismo tiempo, mejoras en el ámbito comportamental, tanto en la escuela como en casa. Muchos padres, asombrados por tal situación, llegaron a preguntar si hacíamos “magia”. ¿Cómo se ha conseguido? ¿Se mantendrá en el tiempo? ¿Es posible?

Magia proviene del latín magīa, que significa “cualidad de sobrenatural”. La RAE la define como el arte o ciencia oculta con la que se pretende producir, valiéndose de ciertos actos o palabras, o con la intervención de seres imaginables, resultados contrarios a las leyes naturales.

Por lo tanto, ¿es verdad que desde Educ-at hacemos magia? Evidentemente no.

El tratamiento del TDAH, tradicionalmente se ha llevado a cabo desde tres posturas: el tratamiento farmacológico, la terapia cognitiva-conductual y la combinación de ambas. Desde nuestra perspectiva, ambas intervenciones son, en muchos casos necesarias, pero en varias ocasiones, se deja sin trabajar el rendimiento académico, aspecto que consideramos fundamental.

¿ES TAN IMPORTANTE TRABAJAR EN EL RENDIMIENTO ACADÉMICO?

Atendiendo a nuestra experiencia, un alto porcentaje de alumnos con TDAH presentan fracaso escolar. Si consideramos las causas nos encontramos con una baja motivación para el estudio y una pérdida de su autoestima.

Nuestro método de trabajo tiene como objetivos mejorar el rendimiento, potenciar la atención sostenida a través de técnicas eficaces, aumentar la motivación e impulsar la autoestima.

Al enseñar unas técnicas de estudios adaptadas a los déficits (principalmente atencionales), logramos que estos alumnos comiencen a verse más capaces, con herramientas en las que apoyarse y en las que confían. De esta manera apreciamos un incremento en su motivación frente a sus tareas escolares. Han pasado del “no voy a ser capaz”, incluso al “soy un inútil”, al “voy a intentarlo que sí que puedo”.

 Y es en este punto, dónde se produce la “magia”. Al aumentar su percepción de capacidad y su empuje, empiezan a prestar más atención en clase, pues se les motiva para ello, se impulsa su autoestima eliminando el rol de “incapaz” y asumen con mayor entusiasmo sus responsabilidades escolares. Esto se ve reflejado en su actitud en casa a la hora de ponerse a hacer las tareas y, paulatinamente, van desapareciendo las guerras que supone sentarle en el escritorio, lo que mejora el ambiente familiar.

Esto no significa que sea un proceso inmediato ni sencillo, pero sí que enfocando la labor con la finalidad de potenciar el avance en los estudios, el refuerzo de la motivación y el fortalecimiento de la autoestima, obtendremos mejoras a nivel conductual.

Todo ello lo vamos reforzando con un  trabajo conjunto con padres y profesores y con la implantación de unas competencias clave en los niños. Pero de este tema, ya os hablaremos en otro post.

Foto: Magia / Danny

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